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Hologramas móviles, telepatía, regeneración de órganos y el presupuesto de I+D militar en EEUU

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Crédito de la imagen: New York Times

Con las elecciones de EEUU la semana pasada ha habido muchas noticias y artículos sobre la agenda que el nuevo gobierno pondrá en marcha. Hay dos noticias relacionadas con la actividad del Departamento de Defensa (los militares de EEUU) que me han dejado pensando que este mundo aún tiene que cambiar mucho más.

En un artículo del NYT me llamó la atención que se abre la posibilidad de ‘reasignar’ parte del presupuesto de defensa relacionado con la I+D en energía a usos civiles. Los planes de Obama para la energía es uno de los temas más candentes ;) , hay un debate abierto sobre un cambio de modelo energético. Pero en este artículo del NYT se daba una cifra sobre el presupuesto de I+D del Departamento de Defensa (DoD)  que … ¡es gigantesca! De hecho es el presupuesto de I+D más grande del mundo (más grande que todo el resto de presupuesto de I+D pública civil de los EEUU).

El presupuesto de I+D previsto para 2009 en el DoD es de 79,6 mil millones de dólares, +4.1% respecto a 2008 (fuente wikipedia). Como comparación, algunas cifras de nuestro entorno: el presupuesto general total del estado español para 2008 es de 349,5 mil millones de euros, el presupuesto total del Ministerio de Defensa español fue de 8,2 mil millones de euros en 2008, y el presupuesto total del MICINN para 2009 es de 6,7 mil millones de euros. La empresa que más invierte en I+D es Microsoft, con una gasto de 5.580 millones de euros; otras como General Motors (5.540 millones de euros), o Nokia (5.280 millones de euros ) están cerca. La primera española es Telefónica con 588 millones de euros. El presupuesto de I+D de las mejores universidades españolas está entre 50 y 80 millones de euros (es decir con el presupuesto e I+D del DoD se puede financiar la actividad de I+D de más de mil universidades ‘top’ españolas ¡!)

Como comparación alucinante final, el presupuesto total del DoD es de unos 515 mil millones de dólares para 2009, más que todo el presupuesto de I+D pública y privada de los EEUU que en total fue de unos 343 mil millones de dólares en 2006, y más que el PIB de países como Suecia, Noruega o Grecia, y ligeramente menos que el de países como Polonia y Holanda…

La otra noticia está relacionada, quizás porque a la vista de que algunas de las propuestas del gobierno de Obama pasen por reducir este enorme presupuesto para dárselo a otras áreas, se publicó (Gizmodo, DoD Buzz) hace unos días una entrevista al Director de principal órgano de gestión de la I+D del DoD, haciendo ver todo lo que se consigue en el DoD en I+D, y en la que por momentos uno no sabe si reir o llorar: las líneas de investigación de las que habla son ciencia ficción, inalcanzables para la I+D civil hasta dentro de muchos años si es que alguna vez se hacen realidad, y por eso suenan a broma (esta es la parte de reir), pero es que viendo los presupuestos que se gastan, quizás esté hablando en serio y todos esos avances se harán con usos militares primero (esta es la parte de llorar).

vsr3dlogo-webLos proyectos que se describen por encima en la entrevista:

Regeneración de partes del cuerpo con “nano-scaffolding”, algo que según el entrevistado están ya cerca de conseguir.

Equipo de ‘telepatía’ por impulsos electrónicos en el cráneo, enviando los pensamientos de un soldado a otro.

Soldados virtuales tipo holograma que pueden ser activados en el campo de batalla por “quantum ghost imaging.” (qué es eso!!!), que pueden además responder al entorno, hablar, y convencer a otros humanos de que son humanos (test de Turing a la vista!!)

Borrado selectivo de memoria, en principio para ayudar a los soldados a eliminar malos recuerdos y reducir el daño por experiencia traumática.

Esto no es serio… o sí, como dice el periodista en la entrevista:  “Puede sonar como el trailer de la próxima película de Star Trek, pero el Dr. Parmentola habla mortalmente en serio”

Escrito por interfazim

Noviembre 9, 2008 a 8:21 pm

Escrito en Ideas, IdeasCF

El metaverso y otras ideas de Neal Stephenson

con 3 comentarios

Todas las ideas de este artículo provienen de la novela de ciencia ficción ‘Snow Crash’, escrita por Neal Stephenson en 1992. El éxito de la novela y la fuerza de algunas de las ideas y tecnologías propuestas, inspiraron a los creadores de Second Life o Google Earth entre otros, y popularizaron el término avatar en Internet (la novela en la wikipedia). En esta entrevista de hoy en El País, Vinton Cerf, uno de los padres de Internet, recomienda leer a Stephenson ;)

Metaverso, un universo virtual

“Así que Hiro en verdad no está ahí. Está en un universo generado informáticamente, que el ordenador dibuja sobre el visor y le lanza a través de los auriculares. En la jerga de los entendidos, ese lugar imaginario se denomina Metaverso. Hiro pasa mucho tiempo en el Metaverso. No tiene ni punto de comparación con el GuardaTrastos.

Hiro se aproxima a la Calle. La Calle es el Broadway del Metaverso, sus Campos Elíseos. Es el bulevar brillantemente iluminado que se distingue, un reflejo miniaturizado e invertido, en los cristales de su visor. En realidad no existe, pero en ese mismo instante la recorren millones de personas”

“Como cualquier lugar de la Realidad, la Calle está en proceso de crecimiento. Los constructores pueden crear callejones que se alejen de la calle principal, construir edificios, parques, carteles y cosas que no existen en la Realidad, como vastos espectáculos luminosos flotantes, barrios especiales donde las reglas del espaciotiempo tridimensional no son válidas y zonas de combate donde la gente puede ir a matarse entre sí.

“La única diferencia es que, puesto que la Calle no existe realmente, sino que es un protocolo infográfico escrito en papel en algún sitio, ninguna de esas cosas se construye físicamente. Son, más bien, fragmentos de software, puestos a disposición del público a través de la red mundial de fibra óptica. Cuando Hiro va al Metaverso y mira la Calle y ve edificios y carteles luminosos que se extienden hacia la oscuridad, desapareciendo tras la curva del horizonte, lo que en realidad contempla es la representación gráfica, las interfaces de usuario, de una miríada de programas diseñados por las grandes corporaciones. Para poder poner esas cosas en la Calle han tenido que conseguir el permiso del Grupo de Protocolos Globales Multimedia, han tenido que comprar espacio en la Calle, conseguir licencias de urbanización, pedir permisos, sobornar inspectores, todo el cotarro.”

Avatares, representaciones virtuales de uno mismo, y el kit para construirse uno

“Al acercarse a la Calle, Hiro ve salir a dos parejas de jóvenes de Puerto Cero, el puerto local de entrada y parada del Monorraíl; es probable que estén usando los ordenadores de sus padres para una doble cita en el Metaverso.

No está viendo gente de verdad, claro. Todo es parte de la imagen en movimiento dibujada por su ordenador según las especificaciones que le llegan por el cable de fibra óptica. Las personas son piezas de software llamadas avalares. Son los cuerpos audiovisuales que usa la gente para comunicarse en el Metaverso. El avatar de Hiro está también en la calle, y si las parejas que salen del Monorraíl miran en su dirección pueden verlo igual que Hiro los ve a ellos. Podrían conversar, Hiro en el Guarda-Trastos de Los Angeles y los cuatro adolescentes quizá en algún sofá de algún barrio de Chicago, cada uno con su portátil. Pero no es probable que entablen conversación, no más de lo que lo harían en la Realidad. Son buenos chicos, y no querrán hablar con un mestizo solitario con un elegante avatar a la medida y un par de espadas.

Tu avatar puede tener el aspecto que desees, según las limitaciones de tu equipo. Si eres feo, puedes hacer que tu avatar sea atractivo. Aunque acabes de salir de la cama, tu avalar puede lucir ropas hermosas y un maquillaje profesional. En el Metaverso puedes ser un gorila o un dragón o un enorme pene parlante. Si recorres el Metaverso durante cinco minutos verás ejemplos de todas esas cosas.”

“Las dos parejas que han salido del Monorraíl no se pueden permitir avalares a medida y no saben cómo escribirse uno ellos mismos; han tenido que comprar avalares hechos en serie. Una de las chicas lleva uno bastante mono. Entre la gente de K-Tel sería considerado toda una declaración de gustos en materia de moda. Parece que se ha comprado el Juego de Construcción de Avalares y ha montado su propio modelo personalizado a partir de componentes estándar. Probablemente incluso se parezca a su propietaria. Su acompañante tampoco tiene mal aspecto.

La otra chica es una Brandy y su compañero es un Clint. Brandy y Clint son modelos en serie muy populares. Cuando las adolescentes blancas sin demasiados recursos económicos tienen una cita en el Metaverso, invariablemente se van a la sección de juegos de ordenador del Wal-Mart local y compran una Brandy. El usuario puede seleccionar tres tamaños de pecho: improbable, imposible y ridículo. Brandy tiene un limitado repertorio de expresiones faciales: mona con pucheros, mona y voluptuosa, vivaracha e interesada, sonriente y receptiva, mona y colgada. Sus pestañas miden más de un centímetro, y el software es tan barato que están dibujadas como astillas sólidas de ébano. Cuando una Brandy agita las pestañas casi puedes sentir el aire que desplazan.

Clint es la contrapartida masculina de Brandy. Es tosco y guapo y su gama de expresiones faciales también es extremadamente breve.”

Una Tierra virtual

“Hay algo nuevo: un globo terrestre del tamaño de un pomelo, una reconstrucción absolutamente detallada del planeta Tierra, que flota en el espacio frente a sus ojos, al alcance de su mano. Hiro ha oído hablar de ello pero jamás lo había visto. Es un programa de la CCI llamado simplemente Tierra. Es la interfaz de usuario que utiliza la CCI para seguirle la pista a cada bit de información espacial que posee: mapas, información meteorológica, planos arquitectónicos y datos de los satélites de vigilancia.”

“Hiro concentra su atención en Tierra. El nivel de detalle es fantástico. La resolución, la claridad, su mismo aspecto, le dicen a Hiro, o a cualquiera que entienda algo de ordenadores, que este programa es una auténtica pasada.

No se ven sólo los continentes y océanos. Tiene el aspecto exacto que tendría la Tierra observada desde un punto en órbita geosincrónica sobre Los Angeles, incluyendo la meteorología: vastas galaxias giratorias de nubes, que flotan sobre la superficie del globo, proyectando sombras grises sobre los océanos y los casquetes polares, que se difuminan y se fragmentan en el mar. La mitad del globo está iluminada por la luz solar, y la otra mitad a oscuras. El terminador, la línea que separa la noche del día, acaba de barrer L.A. y se arrastra sobre el pacífico, hacia el oeste. Todo se mueve a cámara lenta. Si mira el rato suficiente, Hiro puede notar cómo cambian de forma las nubes. Parece una noche bastante despejada en la Costa Este. Algo se mueve rápidamente sobre la superficie del globo y llama su atención. Primero cree que es un mosquito, pero no hay mosquitos en el Metaverso. Trata de observarlo con más atención. El ordenador, que está lanzando rayos láser de baja intensidad a su córnea, detecta el cambio de énfasis, y Hiro se queda sin aliento cuando aparentemente se desploma hacia el globo, como un astronauta en actividad extravehicular que se cayese desde su ruta orbital. Cuando por fin logra controlarse está apenas a unos cuantos cientos de kilómetros sobre la Tierra, mirando un denso banco de nubes, y ve pasar el mosquito bajo él. Es un satélite de la CCI, discurriendo de norte a sur en una órbita polar baja.

—Su información, señor—oye al Bibliotecario.

Hiro se sobresalta y mira hacia arriba. La Tierra cae y se aparta de su campo de visión, y ahí está el Bibliotecario, frente al escritorio, sosteniendo una hipertarjeta.”

Buscador de información inteligente

“El Demonio Bibliotecario tiene la apariencia de un hombre afable y canoso de unos cincuenta años, con barba y brillantes ojos azules, vestido con un jersey de cuello de pico sobre una camisa de trabajo y una corbata de lana gruesa. La corbata está floja y las mangas arremangadas. Aunque no es más que un programa, tiene motivos para estar risueño: puede moverse a través de las casi infinitas pilas de información de la Biblioteca con la agilidad de una araña que baile sobre una vasta telaraña de referencias cruzadas. El Bibliotecario es el único programa de la CCI aún más caro que Tierra; lo único que le falta es pensar.

—¿Sí, señor? —pregunta el Bibliotecario. Es entusiasta sin ser aborreciblemente alegre; cruza las manos a la espalda, se inclina ligeramente hacia delante y alza las cejas sobre sus anteojos, a la expectativa.

—Babel es una ciudad de Babilonia, ¿verdad?

—Fue una ciudad legendaria —matiza el Bibliotecario—. Babel es el término bíblicopara referirse a Babilonia. El término es semítico;«bab» significa puerta y «el» significa Dios, así que Babel es «La Puerta de Dios». Pero probablemente también sea en parte onomatopéyico, una imitación del sonido de alguien que habla una lengua incomprensible. La Biblia está llena de juegos de palabras.

“—Tranquilo, no importa —dice Hiro—. Eres un programa bastante agradable. ¿Quién te escribió?

—La mayor parte la he escrito yo mismo —dice el Bibliotecario—. Es decir, poseo la habilidad innata de aprender de la experiencia. Pero esa habilidad fue programada en mí por mi creador.

—¿Quién fue? Quizá lo conozca. Conozco a muchos hackers.

—No me programó un hacker profesional, sino un investigador de la Biblioteca del Congreso que aprendió a programar solo —cuenta el Bibliotecario—. Estudiaba el problema clásico de tamizar vastas cantidades de detalles irrelevantes para encontrar perlas de información significativa.

—Bueno, vamos a trabajar un poco. Busca cualquier fragmento de información gratuita de la Biblioteca que haga referencia a L. Bob Rife y ordénalos cronológicamente. Y no olvides lo de gratuita.

—Televisión y periódicos, señor. Un momento, señor —dice el Bibliotecario, volviéndose y marchándose sobre sus suelas de crepé.”

Uniforme blindado frente a impactos y flexible al movimiento lento

“Su uniforme, negro como el carbono activado, absorbe la mismísima luz del aire. Las balas rebotan en el tejido de aracnofibra como un gorrión al chocar con una puerta, pero el exceso de sudoración lo atraviesa como brisa que soplase sobre una selva recién bombardeada con napalm.

Allá donde su cuerpo tiene articulaciones óseas, el traje tiene armagel sinterizado; es como ir cubierto de jalea grumosa, pero protege como un montón de guías telefónicas.”

Visor de inmersión virtual

“Lleva puesto un reluciente visor que le rodea la mitad de la cabeza; las patillas del visor tienen pequeños auriculares que se introducen en sus oídos.

Los auriculares disponen de sistemas de cancelación del ruido. Funcionan mejor con ruidos constantes. Cuando los jumbos despegan en la pista del otro lado de la calle, el sonido queda reducido a un zumbido bajo; pero si Vitaly Chernobyl puntea un solo experimental de guitarra, a Hiro le duelen los oídos.

El visor proyecta una ligera bruma sobre sus ojos y refleja una visión distorsionada, de ojo de pez, de un bulevar brillantemente iluminado que se extiende hacia una negrura infinita. Ese bulevar no existe en la realidad; es una visión generada por ordenador de un lugar imaginario.”

Brazalete de defensa por descarga eléctrica

“Lleva unas esposas metálicas de diseño, y también de alto voltaje, por si acaso alguien intenta sujetarla por las muñecas. Y un aturdidor en la manga. Sólo los carrozas llevan armas de fuego. Las pistolas tardan mucho en hacer efecto (hay que esperar a que la víctima se desangre), aunque paradójicamente muy a menudo acaban matando a alguien.

Pero nadie te vuelve a molestar una vez le has sacudido con un aturdidor. O al menos eso dice la publicidad.”

Pistola de goma inmovilizante

“Bajo sus relucientes cascos negros y gafas de visión nocturna, ambos metapolis sonríen burlonamente. El que sale de la Unidad Móvil va armado con un Proyector de Sujeción Química de Corto Alcance: una encoladora. Su truquito ha funcionado. A T.A. no se le ha ocurrido usar sus Knight Visión para comprobar que en el asiento trasero no hubiese un francotirador preparado para encolarla.

La cola, cuando se expande en el aire como ahora, tiene el tamaño aproximado de un balón de fútbol. Kilómetros y kilómetros de fibras fuertes pero delgadas, como espaguetis. La salsa de esos espaguetis es una substancia pegajosa que permanece fluida unos instantes tras el disparo de la encoladora, e inmediatamente después se solidifica.”

“El chorro de fibrosas mucosidades ha envuelto la mano y el antebrazo de T.A., pegándolos a la barra de la puerta. La substancia pegajosa sobrante ha chorreado barra abajo un pequeño trecho, pero ya está secándose, convirtiéndose en goma. Unas cuantas hebras sueltas han salpicado, quedando adheridas a su hombro, pecho y barbilla. Se aparta y el adhesivo se separa de las fibras, estirándose en largos hilos infinitamente delgados, como mozzarella caliente. Se secan y se vuelven sólidas al instante, y luego se parten, rizándose como volutas de humo. Ahora que no tiene cola en la cara ya no es tan desagradable, pero su mano sigue perfectamente inmovilizada.”

Tarjeta virtual para el intercambio de información en un entorno virtual

“Mete la mano en el bolsillo y saca una hipertarjeta. Se parece a una tarjeta de visita convencional. Las hipertarjetas son una especie de avatares. Se usan en el Metaverso para representar un conjunto de información. Puede tratarse de texto, audio, vídeo, una imagen estática o cualquier otra información que pueda representarse de forma digital.

Piensa en un cromo de béisbol, con una foto, un poco de texto y unos cuantos datos numéricos. Una hipertarjeta de béisbol contendría un vídeo con los mejores momentos del jugador, en perfecta alta definición; una biografía detallada narrada por el propio jugador, en sonido digital estéreo; y una completa base de datos estadística, así como software especializado para que uno pueda buscar las cifras que le interesen.

Una hipertarjeta puede almacenar una cantidad de información prácticamente infinita. Por lo que a Hiro respecta, esta hipertarjeta podría contener todos los libros de la Biblioteca del Congreso, o todos los episodios de Hawai 5-0 jamás filmados, o las obras completas de Jimi Hendrix, o el censo de 1950.

O, más probablemente, una amplia gama de virus informáticos. Si Hiro extiende la mano y toma la hipertarjeta, los datos que ésta representa se transferirán del sistema de ese tipo al ordenador de Hiro”

Caja de pizza inteligente que facilita el reparto a domicilio

“Los analistas de la Universidad de Pizzas Cosa Nostra llegaron a la conclusión de que así era la naturaleza humana y no había forma de cambiarla, de modo que se contentaron con un apaño técnico, rápido y barato: las cajas inteligentes.

Ahora, las cajas de pizzas son caparazones de plástico, corrugado para darle más resistencia, con un pequeño display LED en el costado que le indica al Repartidor cuántos costosos minutos se han desvanecido desde la fatídica llamada de teléfono. Dentro hay chips y toda clase de trastos. Las pizzas, en un pequeño montón, descansan en unos compartimientos tras la cabeza del Repartidor. Cada pizza se desliza a través de una ranura, similar a las de los circuitos impresos de los ordenadores, ajustándose en su sitio de forma que la caja inteligente se conecte con los sistemas de a bordo del vehículo del Repartidor. La dirección del cliente ya se ha deducido a partir de su número de teléfono y grabado en la RAM de la caja inteligente. De ahí pasa al automóvil, que calcula la ruta óptima y la proyecta en una pantalla de manos libres, un mapa de brillantes colores dibujado contra el parabrisas de modo que el Repartidor ni siquiera tenga que agachar la cabeza.”

Intelirruedas, ruedas que se adaptan a obstáculos

“…Las Intelirruedas usan sonar, telemetría láser y radar milimétrico para identificar tubos de escape y otros obstáculos antes de que tengas que preocuparte de ellos. No te comas un tubo de escape: ¡actualízate hoy mismo!.

Sabias palabras. T.A. compró las ruedas. Consisten en un eje provisto de muchos radios de gran resistencia, cada uno de los cuales se proyecta telescópicamente en cinco secciones. En el extremo dispone de una rechoncha pata cubierta de suela de goma y articulada mediante una rótula. A medida que la rueda gira, las patas se plantan en el suelo una tras otra, casi hundiéndose en un neumático continuo. Al patinar sobre un obstáculo, los radios se retraen para pasar sobre él. Si se patina sobre un bache, los radios robóticos se sumergen en sus profundidades asfálticas. En cualquier caso se absorbe el impacto: ningún choque, porrazo, vibración ni golpe llega hasta la tabla o a las zapatillas Converse con las que la pisas. El anuncio tenía razón: no se puede ser surfista profesional de la carretera sin intelirruedas.”

“T.A. se dirige al bordillo y lo alcanza a gran velocidad; los radios de las intelirruedas lo ven llegar y se retraen con precisión de forma que se desliza de la calle al césped sin problemas. Las patas dejan en el césped un rastro de pisadas hexagonales. La cagada de un perro callejero, roja debido a los colorantes cárnicos indigestibles, queda grabada en relieve con el logo de RadiKS, cuya imagen especular está impresa en el extremo de cada radio.”

“T.A. adopta una postura fetal para colarse por debajo de un remolque; va lanzada hacia la medianera como si fuese a matarse, pero las medianeras no son problema para las intelirruedas. La parte inferior de la medianera tiene una rampa suave, como si la hubiesen diseñado para surfistas del asfalto. T.A. sube la rampa a medias, gira para descender suavemente hacia el carril y se reincorpora al tráfico justo al lado de un automóvil …”

Perros guardianes cyborg

“La Unidad de Guardia Semi-Autónoma número A-367 de las Industrias de Seguridad Ng vive en un placentero Metaverso en blanco y negro donde las costillas crecen en los árboles, colgadas de ramas bajas a la altura de la cabeza, y frisbis empapados en sangre cruzan el aire frío y vivificante sin ninguna razón, simplemente esperando a que los caces. Tiene un patio sólo para él, rodeado por una valla. Sabe que no puede saltar la valla. Nunca lo ha intentado, porque sabe que no puede. Tampoco sale al patio, a menos que sea preciso. Fuera hace calor.

Tiene un trabajo importante: proteger el patio. A veces entra y sale gente del patio. La mayoría de las veces son buena gente, y él no los molesta. No sabe por qué son buena gente; simplemente lo sabe. A veces son mala gente, y él tiene que hacerles cosas malas para que se marchen. Eso es lo correcto y adecuado. Fuera, en el mundo más allá de este patio, hay otros patios con otros perritos como él. No son perros malos. Son sus amigos.

El perrito más próximo está muy lejos, más lejos de lo que alcanza la vista. Pero a veces lo oye ladrar, cuando una persona mala se acerca a su patio. A veces oye otros perritos del vecindario, toda una jauría extendiéndose en la distancia, en todas direcciones. Pertenece a una linda jauría de amables perritos. El y los otros perritos ladran siempre que un desconocido entra en su patio, o incluso cuando se acerca a él. El desconocido no lo oye, pero los otros perritos de la jauría sí. Si viven cerca, se ponen nerviosos. Se despiertan y se preparan para hacerle cosas malas a ese extraño si por casualidad intentase colarse en sus patios.

Cuando un perrito del barrio le ladra a un forastero, junto con el ladrido llegan a su mente imágenes y sonidos y olores. De buenas a primeras sabe cuál es el aspecto del desconocido. Cómo huele. Cómo suena. Por tanto, si ese extraño se acercase a su patio, lo reconocería. Ayudaría a extender el ladrido a los otros perritos buenos para que toda la jauría pueda estar preparada para enfrentarse con él.

Esta noche, la Unidad de Guardia Semi-Autónoma número A-367 está ladrando. No está transmitiendo a la jauría el ladrido de otro perrito. Ladra porque está muy nervioso por lo que ocurre en su patio.

Primero llegaron dos seres humanos. Esto lo alteró porque entraron muy deprisa. Sus corazones latían muy deprisa y sudaban y olían a miedo. Los miró para ver si llevaban cosas malas. El pequeño lleva cosas un poco atrevidas, pero no realmente malas. El grande lleva algunas cosas bastante malas. Pero, de algún modo, sabe que con el grande no hay problema. Pertenece a este patio. No es un extraño; vive aquí. Y el pequeño es su invitado.

Pese a todo, siente que está sucediendo algo excitante. Comienza a ladrar. La gente del patio no oye sus ladridos; pero los otros lindos perritos de la jauría, muy lejos, sí lo oyen y al hacerlo, ven a esas dos personas buenas y asustadas, los huelen y los oyen.

Luego entra más gente en su patio. También están nerviosos: puede oír cómo les late el corazón. La boca se le llena de saliva al oler la sangre caliente y salada que bombea a través de sus arterias. Esas personas están nerviosas y enfadadas y un poquito asustadas. No viven aquí; son extraños. Los extraños no le gustan demasiado.

Los mira y ve que llevan tres revólveres, un 38 y dos magnum 357; que el 38 está cargado con munición de punta hueca, uno de los 357 lleva balas de teflón y está amartillado; y que la escopeta recortada está cargada con postas y ya tiene un cartucho en la recámara, además de otros cuatro en el cargador.

Las cosas que llevan los extraños son malas. Cosas temibles. Se pone nervioso. Se enfada. También se asusta un poco, pero le gusta estar asustado; para él es lo mismo que estar excitado. En realidad, sólo tiene dos emociones: dormido, y sobrecargado de adrenalina.

¡El desconocido malo de la escopeta está alzando su arma!

Es una cosa absolutamente terrible. Un montón de extraños malos y nerviosos están invadiendo su patio con cosas malvadas; quieren hacer daño a los visitantes buenos. A duras penas tiene tiempo de ladrarles un aviso a los otros perritos buenos antes de lanzarse fuera de la perrera, impulsado por un candente chorro de pura emoción animal.

T.A. capta un parpadeo breve con su visión periférica y oye un sonido metálico. Mira en esa dirección y ve que la luz procede de la puerta de una especie de perrera empotrada en el lateral de la franquicia de Hong Kong. Hace apenas unos instantes, algo ha abierto violentamente la puerta de la perrera y ha salido del interior en dirección al césped con la velocidad y la determinación de una bala de obús.

Mientras la mente de T.A. graba todo esto, oye gritar a los tayikos. No son gritos de ira, ni tampoco de miedo. Aún no han tenido tiempo de asustarse. Es el grito de alguien a quien le acaban de volcar sobre la cabeza un cubo de agua helada.

El griterío no ha cesado aún, y ella todavía está girando la cabeza para mirar a los tayikos, cuando la puerta emite otro chorro de luz. Sus ojos se vuelven una fracción de segundo en esa dirección; cree haber visto algo, una larga sombra redonda recortada contra la luz durante un confuso instante mientras la puerta se abría hacia dentro. Pero cuando enfoca la vista, no ve nada excepto el balanceo de la puerta, como antes. Son las únicas impresiones que han quedado en su mente, con la excepción de un detalle más: un reguero de chispas que bailaban sobre el césped, de la perrera a los tayikos y luego de vuelta, durante el segundo que ha durado todo el suceso, como si un cohete hubiese recorrido el aparcamiento. La gente dice que las Criaturas Ratas corren sobre cuatro patas. Quizá sus garras robóticas produzcan esas chispas al agarrarse al suelo para conseguir tracción.

Los tayikos siguen en movimiento. Algunos han salido despedidos hacia el césped y todavía están rebotando y rodando. Otros aún no han terminado de caer. Están desarmados. Aún hacen el gesto de sujetar el arma con las dos manos, aún gritan, aunque ahora sus voces están teñidas de un cierto miedo. A uno de ellos le han desgarrado los pantalones desde la cintura hasta el tobillo, y hay una tira de tejido en el suelo, como si le hubiese vaciado el bolsillo de algo que tenía demasiada prisa para soltar antes de irse. Quizá ese tipo escondía un cuchillo. No hay nada de sangre. La Criatura Rata es muy precisa. No obstante, se agarran las manos y aullan. Quizá sea cierto lo que dicen, que cuando las Criaturas Ratas quieren que sueltes algo te lanzan una descarga eléctrica.

—Mira —se oye decir a sí misma—, tienen armas de fuego.

—No, no las tienen —dice Hiro, volviéndose y sonriéndole. Sus dientes son rectos y muy blancos; tiene una sonrisa inquietante, una sonrisa de carnívoro—. Las armas de fuego son ilegales en Hong Kong, ¿recuerdas?

—Tenían armas hace tan sólo un segundo’ —insiste T.A., abriendo mucho los ojos y sacudiendo la cabeza.

—Ahora las tiene la Criatura Rata —dice Hiro”

“Algo, demasiado rápido para doler, barre sus pies y la derriba. Cuando empieza a acostumbrarse a la idea, se oye un estallido dolorosamente ensordecedor al otro lado del aparcamiento.

Y por fin todo se detiene el tiempo suficiente para poder ser visto y comprendido.

La Criatura Rata se ha detenido, cosa que éstas jamás hacen. Parte de su misterio es que, debido a su velocidad, nunca llegas a verlas. Nadie sabe qué aspecto tienen.

Ahora, nadie excepto T.A. y Hiro.

Es más grande de lo que T.A. se había imaginado. El cuerpo es del tamaño de un rotweiler, segmentado en láminas de blindaje superpuestas como las de un rinoceronte.

Las patas son largas, curvadas hacia arriba para desarrollar más potencia, como las de un guepardo. Debe ser la cola lo que hace que las llamen Criaturas Ratas, porque es increíblemente larga y flexible; es la única parte que tiene que recuerda a una rata. Pero parece la cola de una rata cuya carne haya sido disuelta con ácidos, porque consiste tan sólo en segmentos, centenares de ellos limpiamente conectados unos con otros, como vértebras.

—¡Madre de Dios! —exclama Hiro. T.A. comprende que él tampoco había visto una antes.

Ahora, la cola está enrollada y amontonada encima del cuerpo de la Criatura Rata como una soga caída de un árbol. Algunas partes intentan moverse, y otras parecen muertas e inertes. Las piernas se mueven espasmódicamente, sin coordinación.

Transmite la sensación de un fracaso estrepitoso, como la imagen de un avión que haya perdido la cola al maniobrar para aterrizar. Incluso para alguien que no sea ingeniero es evidente que todo está retorcido y fuera de sitio. La cola se retuerce y latiguea como una serpiente, se desenrolla, se eleva sobre el cuerpo de la Criatura Rata, se aparta de las patas. Pero aun así las patas tienen problemas; no puede ponerse de pie.

—T.A.—dice Hiro—. No lo hagas.

Pero lo hace. Paso a paso, se aproxima a la Criatura Rata.

—Por si no lo has notado, es peligroso —dice Hiro, siguiéndola a unos pasos de distancia—. Dicen que tienen componentes biológicos.

—¿Componentes biológicos?

—Partes de animal. Por tanto, puede ser imprevisible.

A ella le gustan los animales. Sigue caminando.

Ahora puede verlo mejor. No es todo armadura y músculo. En realidad, gran parte parece frágil. De su cuerpo se proyectan unas cosas regordetas y cortas con aspecto de alas: una grande en cada hombro y una fila de ellas más pequeñas a lo largo de la columna, como en un estegosaurio. Sus Knight Visión le dicen que esas cosas están tan calientes que se podrían preparar pizzas en ellas. Mientras se aproxima, parecen desdoblarse y crecer.

Están floreciendo como las flores en los documentales educativos, extendiéndose y desplegándose para revelar una fina y complicada estructura interna que había permanecido replegada en su interior. Cada ala rechoncha se divide en pequeñas copias en miniatura de sí misma, y cada una de éstas en copias aún más pequeñas, hasta el infinito. Las más pequeñas son sólo diminutos trocitos de aluminio, tan minúsculos que, desde cierta distancia, los contornos se ven difusos.

Sigue calentándose. Las pequeñas alas están ahora casi al rojo vivo. T.A. se sube sus gafas a la frente y se protege los ojos con las manos para bloquear las luces de alrededor, y, en efecto, ve cómo comienzan a emitir un apagado brillo pardusco, como un horno eléctrico recién encendido. El césped que hay bajo la Criatura Rata comienza a humear.

—Cuidado. Se rumorea que contienen isótopos realmente peligrosos —dice Hiro a sus espaldas. Se ha acercado un poco más, pero sigue estando bastante atrás.

—¿Qué es un isótopo?

—Una substancia radiactiva que produce calor. Es su fuente de energía.

—¿Y cómo se apaga?

—No se puede. Sigue emitiendo calor hasta que se funde. T.A. está ahora apenas a unos pasos de la Criatura Rata, y nota el calor en sus mejillas. Las alas se han desplegado al máximo. Las raíces son de brillante color amarillo anaranjado, y su color recorre toda la gama del rojo y el pardo hasta llegar a los delicados bordes, que aún están oscuros. El humo acre de la hierba al quemarse no permite distinguir bien los detalles.

Los bordes de esas alas se parecen a algo que he visto antes, piensa T.A. Son como las placas de metal que hay en la parte exterior de un aparato de aire acondicionado, ésas en las que puedes escribir tu nombre aplastándolas con el dedo. O como el radiador de un coche.

El ventilador arroja aire sobre el radiador para que se enfríe el motor.

—Son radiadores —dice T.A.—. La Criatura Rata tiene radiadores para enfriarse. — Incluso en estas circunstancias no deja de reunir intel.

Pero no se está enfriando, sino calentándose aún más.

T.A. patina entre los coches para ganarse la vida. Ése es su nicho económico: triunfar sobre el tráfico. Y sabe que un coche no se calienta cuando está acelerando por una autopista. Se calienta cuando está parado en un atasco. Porque cuando está quieto no sopla el aire suficiente sobre el radiador.

Eso es lo que le pasa a la Criatura Rata. Tiene que seguir moviéndose, forzar al aire a pasar por su radiador, o de lo contrario se sobrecalentará y se fundirá.

—Curioso —dice—. Me pregunto si estallará o qué.

El cuerpo converge en una nariz afilada. En la parte frontal se dobla bruscamente hacia abajo, formando una cúpula de cristal negro, inclinada como la cabina de un avión de caza. Si la Criatura Rata tiene ojos, debe de ser por ahí por donde mira. Debajo, donde debería estar la mandíbula, quedan los restos de algo mecánico que ha sido destruido casi por completo por la detonación de la granada.

El parabrisas de cristal negro (o la máscara, o como lo llames) tiene un agujero, lo bastante grande como para que quepa el puño de T.A. El interior está oscuro y no se ve mucho, en particular con el resplandor naranja brillante procedente de los radiadores.

Pero ve que del interior sale una cosa de color rojo oscuro, y no es aceite de motor. La Criatura Rata está herida y sangra.

—Esa cosa es de verdad —dice—. Tiene sangre en las venas. Esto es intel, piensa. Intel. Puedo sacar dinero de esto, con ayuda de mi compañero, mi colega: Hiro. Y luego piensa: La pobre cosa se está quemando viva.

—No lo hagas, T.A. No la toques —dice Hiro.

Se aproxima hasta la cosa, bajándose las gafas para proteger el rostro del calor. Las patas de la Criatura Rata detienen su movimiento espasmódico, como si la estuviesen esperando.
T.A. se agacha y la coge por las patas delanteras. Reaccionan, tensando los músculos contra el tirón de sus manos. Es exactamente como coger un perro de las patas delanteras y hacerlo bailar. Esta cosa está viva. Reacciona ante ella. Comprende.

Mira a Hiro, para asegurarse de que lo está siguiendo todo. Lo hace.

—¡Idiota! —le grita—. Me pongo en evidencia diciendo que quiero ser tu socia, ¿y me sueltas que tienes que pensártelo? ¿Qué te pasa? ¿No soy lo bastante buena para trabajar contigo?

Se inclina hacia delante y comienza a tirar de la Criatura Rata hacia atrás a través del césped. Es increíblemente ligera. No es extraño que pueda correr tan rápido. Podría incluso levantarla, si no fuese porque se quemaría viva.

Al arrastrarla hacia la perrera deja en el césped un rastro ennegrecido y humeante.

Puede ver cómo surge vapor de su mono: sudor viejo y otras cosas que hierven en el tejido. T.A. es lo bastante menuda como para entrar por la puerta de la perrera; otra cosa que ella puede hacer y Hiro no. Generalmente están cerradas (alguna vez ha intentado forzarlas), pero ésta está abierta.

En el interior, el suelo de la franquicia es brillante, blanco, pulido mediante robots. A poca distancia de la puerta hay algo que se asemeja a una lavadora negra. Es el cubil de la Criatura Rata, donde se esconde a oscuras, en privado, esperando algo que hacer. Está conectada con la franquicia mediante un grueso cable que surge de la pared. Ahora la puerta del cubil cuelga abierta, otra cosa que ella tampoco había visto jamás. Y de su interior sale vapor. No, no es vapor, sino condensación. Como cuando abres la nevera en un día húmedo. Empuja a la Criatura Rata dentro de su cubil. De las paredes brota una rociada de líquido frío que se convierte en vapor incluso antes de tocar el cuerpo de la Criatura Rata, y el vapor sale despedido con tanta fuerza que la tira de culo.”

“—Tres han vuelto —responde Ng—. Tres más vienen de camino. Y otras tres se han quedado atrás para desempeñar medidas de pacificación adicionales.

—¿Las abandona?

—Nos pillarán —dice Ng—. En línea recta pueden correr a más de mil cien kilómetros por hora.

—¿Es verdad que llevan dentro material nuclear?

—Isótopos radiotérmicos.

—¿Y qué pasa si una revienta y se abre? ¿Todos con mutaciones?

—Si alguna vez te encuentras en presencia de una fuerza destructiva lo bastante potente como para liberar los isótopos de su cápsula —dice Ng—, la exposición a la radiactividad será el menor de tus problemas.

—¿Sabrán encontrar el camino de vuelta hasta nosotros?

—¿No veías Lassie cuando eras pequeña? —pregunta él—. Mejor dicho, aún más pequeña.

Ah. Tenía razón. Las Criaturas Ratas están hechas con partes de perro.

—Eso es una crueldad —se queja.

—Ese tipo de sentimentalismo resulta muy previsible —dice Ng.

—Sacar a un perro de su cuerpo y mantenerlo en una madriguera a todas horas.

—Cuando la Criatura Rata, como tú la llamas, está en su madriguera, ¿sabes qué hace?

—¿Lamerse los cojones artificiales?

—Perseguir frisbis entre las olas. Eternamente. Comer bistecs que crecen en los árboles. Tumbarse junto al fuego en un albergue de caza. No he instalado aún ninguna simulación de lamido de testículos, pero ahora que lo has mencionado, lo pensaré.

—¿Y cuando está fuera de la madriguera, haciendo recados para usted?

—¿Te imaginas lo satisfactorio que debe de ser para un pitbull poder correr a mil cien kilómetros por hora?

T.A. no contesta; está demasiado ocupada tratando de sopesar la idea en su mente.

—Tu error —dice Ng— es pensar que todos los organismos mecánicamente asistidos, como yo mismo, somos patéticos lisiados. De hecho, somos mejores de lo que éramos antes.

—¿De dónde saca los pitbulls?

—Todos los días, en cualquier ciudad, abandonan a una cantidad increíble.

—¿Descuartiza perros maltratados?

—Salvamos a los perros de una extinción innegable y los enviamos a lo que puede considerarse el paraíso canino.”

Nueva profesión, cazador de información

“El asunto es sencillo. Hiro caza información, ya sean chismorrees, vídeo, audio, datos de un disco de ordenador, fotocopias de documentos; incluso chistes sobre el último desastre que se haya puesto de moda.

Luego descarga la información en la base de datos de la CCI, la Biblioteca, antaño conocida como la Biblioteca del Congreso, pero ya nadie la llama así. La mayoría de la gente no tiene claro el significado de «congreso», e incluso «biblioteca» empieza a ser algo nebuloso. Solía tratarse de un sitio lleno de libros, sobre todo viejos. Luego empezaron a incluir vídeos, grabaciones y revistas. Después pasaron toda la información a formatos accesibles por ordenador, es decir, a unos y ceros. Y a medida que crecía el número de medios soportados, el material comenzaba a estar más al día y los métodos de búsqueda de la Biblioteca se hacían más y más sofisticados. Se llegó a un punto en el que no había diferencia perceptible entre la Biblioteca del Congreso y la Agencia Central de Inteligencia. Por suerte, ocurrió justo cuando el gobierno se disgregaba, así que ambas organizaciones se fusionaron y lanzaron una gran oferta de acciones.

Millones de cazadatos de la CCI descargan en cada momento millones de fragmentos de datos. Los clientes de la CCI, principalmente grandes corporaciones y estados soberanos, saquean la Biblioteca en busca de información útil, y si encuentran un uso para algo que haya puesto Hiro, él cobra.

Hace un año descargó en la base de datos el primer borrador completo de un guión de cine que robó de la papelera de un agente de Burbank. Media docena de estudios se mostraron interesados, y durante seis meses Hiro comió y se permitió vacaciones a costa de ello.

Desde entonces no ha vuelto a tener suerte. Ha aprendido por la vía dura que el noventa y nueve por ciento de la información de la Biblioteca jamás se usa para nada.

Por ejemplo: Después de que cierta korreo le diese la pista de la existencia de Vitaly Chernobyl, dedicó unas pocas semanas de intensa actividad a investigar un nuevo fenómeno musical, el ascenso de los colectivos ucranianos fuzz-grunge nucleares en L.A.

Ha descargado información exhaustiva sobre esa moda en la Biblioteca, incluyendo vídeo y audio. Ni una sola discográfica, agente o crítico de rock se ha molestado en acceder a ella.”

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Marzo 29, 2008 a 12:50 pm

Registro continuo de la actividad personal

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Otra idea del libro Homínidos – El Paralaje Neanderthal (Hominids – Neanderthal Parallax), escrito por Robert J. Sawyer en 2003. (ver en la wikipedia).

Un sistema planetario graba todas las actividades de todas las personas, de forma que puede accederse a estas grabaciones si un juez lo estima oportuno y es casi imposible cometer un delito sin que quede constancia. Seguramente estamos lejos de un sistema así, no tanto desde un punto de vista tecnológico sino desde un punto de vista cultural, por los problemas de seguridad y legalidad de algo así, aunque en el mundo Neandertal del libro parece funcionar perfectamente.

…“-¿No le había dado importancia? –El tono de Bolbay denotaba incredulidad -. Desde el día en que nació, tiene usted un cubo de registro personal en el pabellón de archivos de coartadas que está junto al edificio de este mismo Consejo. Y ha grabado todo lo que ha hecho, cada momento de su vida, a medida que lo transmitía su Acompañante. Cada momento de su vida en la superficie de La Tierra, es decir, excepto el tiempo que pasó allá abajo.
-No soy ningún experto en esos asuntos –dijo Adikor, sin demasiada sinceridad -. En realidad no sé mucho de la transmisión de datos de los Acompañantes.
-Vamos, sabio Huld. Hace un momento nos estaba contando historias de muones y piones, ¿y ahora espera que creamos que comprende una sencilla emisión de radio?
-No he dicho que no la comprendiera. He dicho que nunca había pensado en ese tema.
-¿Nunca pensó en el hecho de que, mientras estaba allí abajo, por primera vez desde su nacimiento, no habría ningún registro disponible de lo que estaba haciendo?
-Mire –dijo Adikor, hablando directamente a la adjudicadora, antes de que Bolbay diera la vuelta y bloqueara de nuevo su línea de visión-. No he tenido motivos para acceder a mi propio archivo de coartadas desde hace muchísimos meses. Cierto, el hecho de que mis acciones se registran normalmente es algo de lo que soy consciente, en un sentido abstracto, pero no pienso en ello cada día.
-Y sin embargo –dijo Bolbay-, cada día de su vida, disfruta usted de la paz y la seguridad que esas mismas grabaciones hacen posibles. –Miró a la adjudicadora-. Sabe que cuando pasea de noche las posibilidades de ser víctima de un robo o asesinato o lasagklat son casi cero, porque no es posible escapar a semejante crimen. Si se acusa a alguien de eso … bien, digamos de que yo le he atacado en la plaza Peslar. Si usted pudiera convencer a un adjudicador de que su acusación era plausible, el adjudicador podría ordenar que se abriera su archivo o su mina de coartadas por el lapso de tiempo en cuestión, lo cual demostraría que soy inocente. El hecho de que un crimen no pueda cometerse sin que quede constancia hace que todos nos relajemos.
Adikor no dijo nada.”

…”No había mucha gente viva todavía que hubiera nacido antes de la introducción de los Acompañantes: los pocos pertenecientes a la generación 140 y los aún menos de la 139 que no habían muerto todavía.
Para todos los demás, un Acompañante había formado parte de sus vidas justo después de nacer, cuando se instalaba el implante infantil inicial. La celebración del milésimo mes desde el principio de la Era de la Coartada tendría lugar al cabo de poco: se planeaban grandes festejos por todo el mundo.
Incluso allí, en Saldak, muchos miles habían nacido y habían muerto ya desde que se instalara el primer Acompañante; ese implante inicial había sido colocado en el antebrazo de su propio creador, Lonwis Trob. El gran pabellón de archivos de coartadas, junto al edificio del Consejo Gris, estaba dividido en dos alas. La del sur se topaba con un macizo de antigua roca; sería extraordinariamente difícil ampliar esa ala, y por eso se empleaba en almacenar los cubos de coartadas activos de los vivos, un número que era siempre una constante.”

…”La habitación era grande y cuadrada, con una pequeña galería de sillas de montar contra una pared. Sólo se podía acceder a los archivos de coartadas dentro de ese edificio; como protección contra cualquier visionado no autorizado, el pabellón de archivos estaba completamente aislado de la red de información planetaria, y no tenía líneas de telecomunicaciones externas. Aunque a veces era incómodo tener que ir físicamente a los archivos para acceder a las grabaciones propias, el aislamiento se consideraba una protección conveniente.”

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Marzo 3, 2008 a 11:42 pm

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Ayudante AI implantado

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Una idea del libro Homínidos – El Paralaje Neanderthal (Hominids – Neanderthal Parallax), escrito por Robert J. Sawyer en 2003 (el libro en la wikipedia).

Se trata de una inteligencia artificial que acompaña a todos los habitantes (de un mundo paralelo Neandertal en este caso) y que guía y asiste en cualquier aspecto imaginable. Además este ‘acompañante’ está siempre conectado con una red de información, localización y grabación que se describe en esta otra entrada.

Es interesante que la ‘acompañante’ del protagonista interviene a menudo en relación con la psicología y estado anímico de su ‘acompañado’. 

En el libro hay una gran cantidad de diálogos y situcaciones donde aparece esta idea:

…”Cálmate, Ponter -dijo su implante Acompañante-. Tu pulso es de…
-¡Que me calme! -exclamó Ponter, como si Hak hubiera sugerido una imposibilidad ridícula-. ¿Dónde estoy?
-No estoy segura -dijo la Acompañante-. No detecto ninguna señal de las torres de posición. Además, estoy completamente desconectada de la red de información planetaria, y no recibo ningún reconocimiento de los archivos de coartadas.
-¿No estás estropeada?
-No.”

…”Hak le hablaba a Ponter a través de un par de implantes en el caracol del oído, pero al cambiar el balance de voz de izquierda a derecha podía indicar la dirección igual que si señalara.”
…”Hak guardó silencio un momento.
-Si estás alucinando- dijo la Acompañante -, entonces si yo te digo que no lo estás podría ser parte de esa alucinación. Así que en realidad no tiene sentido que intente convencerte de lo contrario, ¿no?
Ponter se tumbó en la cama y contempló el techo, que carecía de relojes y obras de arte.
-Deberías intentar dormir un poco -dijo Hak -. Tal vez las cosas tengan más sentido por la mañana.
Ponter asintió levemente.
-Ruido blanco –dijo.
Hak obedeció, reproduciendo un suave siseó tranquilizador a través de los implantes del caracol, pero a Ponter le pareció que pasaba mucho tiempo antes de quedarse dormido.”

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Marzo 3, 2008 a 6:02 pm

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Siringa sensoria – Instrumento para generar realidad virtual

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Otra idea del libro Nova (Nova), escrito por Samuel R. Delany en 1968. (ver en la wikipedia).

…”-El morral se abrió y Leo se quedó sin aliento.- ¡Hermosa es!
En las rodillas de Leo, sobre el cuero arrugado, podía ser un arpa, podía ser una computadora. Superficie de inductancia como en una teremina, trastes como en una guitarra, abajo y aun costado roncones cortos como de una cítara. En el otro lado sobresalían los largos roncones de bronce de una guitarrina. Algunas piezas estaban talladas en palo de rosa. Otras, fundidas en acero inoxidable. Las incrustaciones eran de plástico negro, y las almohadillas de felpa. Leo dio vuelta el instrumento.
Las nubes se habían abierto un poco más.
La luz del sol se deslizó sobre las vetas de madera pulida, relampagueó el acero.
En la mesa los obreros hicieron tintinear sus monedas, luego miraron de soslayo. Leo inclinó la cabeza, afirmando. Los obreros pusieron el dinero sobre las tablas grasientas, e intrigados dejaron la barca.
Leo hizo algo con las clavijas. Se oyó un campanilleo cristalino; el aire tremoló; y desplazando el olor fétido de las sogas mojadas y la brea, una fragancia…¿orquídeas? Hacía mucho tiempo, quizá a los cinco o seis años, el Ratón las había olido en los campos, a la orilla de un camino”…

…”La mano de Leo se movió; el trémolo fue un centelleo. Cascadas de luz caían del aire, se fundían en una luminosidad azul cuya fuente estaba allí, en algún lugar, entre ellos dos. El aroma se humedeció y fue rosas.
-¡Funciona! –roncó el Ratón”

…”Allí donde la luz había inundado el aire, la luminosidad se transformó en ella, hasta que ella volvió la cabeza y los miró por encima del hombro.
El Ratón parpadeó.
Era translúcida; y sin embargo mucho más real, pues el Ratón tenía que concentrarse para definir la barbilla, el hombro el pie, el rostro, hasta que ella giró sonriendo, y le arrojó unas flores sorprendentes.”

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Enero 27, 2008 a 10:42 pm

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Grabador de voz configurable con forma de joya

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Esta idea aparece en el libro Nova (Nova), escrito por Samuel R. Delany en 1968. (ver en la wikipedia). Es una novela compleja, materia de estudio para expertos en interpretaciones culturales y políticas. Hay un uso extensivo en la historia de una tecnología cyborg que los humanos usan para conectarse mediante implantes tipo enchufe a todo tipo de herramientas, naves, etc., y controlarlas directamente con el pensamiento.

A parte de esto hay poca tecnología, excepto alguna idea interesante como esta de un grabador de voz muy manejable que permite organizar las grabaciones.

…”Un grabador enjoyado que los padres le habían regalado cuando ganara la beca, le colgaba de la cintura. Hasta ese momento contenía unas cien mil palabras de notas.”

… “Katin se detuvo, hizo girar el grabador en su mano.

-No es más que un grabador matriz al que le puedo dictar notas y archivarlas. Lo estoy utilizando para escribir una novela.”

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Enero 27, 2008 a 9:09 pm

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A world without humans – Un mundo sin humanos

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[english] 

Last year’s most expensive and ambitious sci-fi movie, I Am Legend, is a memorable movie, maybe not as much as it aspires, but it has succeeded at the box office.
The movie is an adaptation of Richard Matheson’s 1954 novel of the same name, where after a deadly virus that has killed or transformed into zombie like beings the entire humankind, a lone survivor (Will Smith in the film) tries to overcome loneliness and loss.

Of course this is not the first film or book about what will happen if a virus or catastrophe frees Earth from humans.

Alan Weisman, professor at University of Arizona and known writer of scientific essays at Discover or The New York Times, consulted with several experts on ecology, biology, and engineering, and joined all the answers in a book recently published: The world without us.

Also in this New Scientist article  from october 2006 it is discused with scientist contributions how an Earth without humans would fare. 

One of my favorite SF books is a novel that I have to strongly recommend as a contrast to Matheson’s book: Earth Abides is a 1949 post-apocalyptic science fiction novel by Berkeley English professor George R. Stewart and also a very special book to me. This is one of the first books  I read and it delivers a deep understanding of the basic nature of humankind — especially in regard to religion, superstition, and custom. What it is most special is that is written wonderfully and it manages to end, despite all things, with a reaching optimistic tone. A few weeks ago I saw it edited once again, so it should not be difficult to find, and it may be ordered too.

And now the idea behind this post. Seeing Will Smith’s film I have thought, again, about how quickly a human-less Earth would change. As Weisman says in his book, many things depend on the constant work of people and would fall apart in a matter of weeks or months, because it really takes a lot to hold off nature. My thought is that maybe the general design of things, especially in architecture, city urbanism and engineering, is not at all efficient and takes a lot of resources just to stay functional. Maybe better designs and planning would consider overall costs and would not fight but accommodate better to nature and entropy.

[español] 

La película más cara y ambiciosa del año pasado, Soy Leyenda, es una película memorable, quizás no tanto como a lo que aspira, pero ha tenido mucho éxito de taquilla.

La película es una adaptación de la novela del mismo título escrita en 1954 por Richard Matheson, en la que después de que un virus mortal mate o convierta en semi-zombies asesinos a toda la humanidad, un superviviente solitario (Will Smith en la película) intenta superar la soledad y la pérdida.

Por supuesto esta no es la primera película o libro sobre que pasará si un virus o una catástrofe libera a La Tierra de la humanidad.

Alan Weisman, profesor de la Universidad de Arizona y reputado escritor de ensayos científicos en revistas como Discover o The New York Times, decidió consultar con expertos en ecología, biología e ingenieros, y agrupar todas las respuestas en un libro publicado recientemente: The world without us.

También en este artículo en New Scientist de octubre de 2006 se discute con aportaciones de científicos sobre el efecto en La Tierra de la desaparición de la humanidad.

Uno de mis libros de SF favorites es una novela que recomiendo mucho como un contraste con la novela de Matheson: La Tierra Permanece es una novela de ciencia ficción escrita en 1949 por George R. Stewart y también un libro muy especial para mi. Este es uno de los primeros libros que leí y muestra un entendimiento profundo de la naturaleza básica de la especie humana – especialmente en lo que se refiere a la religión, la superstición, y las tradiciones. Lo más especial de esta novela es que está escrita maravillosamente y consigue terminar, a pesar de todo, con un tono optimista y esperanzador. Hace no mucho lo vi editado de nuevo, así que no debe ser dificil de encontrar, y seguro que se puede encargar.

Y finalmente la idea de este artículo. Al ver la película de Will Smith he pensado, otra vez, sobre qué rápido cambiaría una Tierra sin humanos. Como Weisman dice en su libro, muchas cosas dependen del trabajo constante de las personas y dejarían de funcionar en cuestión de semanas o meses, porque realmente cuesta un montón de esfuerzo mantener a raya a la naturaleza. Mi pensamiento es que quizás el diseño general de algunas cosas, especialmente en lo que se refiere a arquitectura, urbanismo e ingeniería, no es en absoluto eficiente y consume muchos recursos sólo para mantenerse en funcionamiento. Quizás diseños y planificación mejores podrían tener en cuenta los costes globales y no lucharían sino que se acomodarían mejor a la naturaleza y la entropía.

AMPLIACIÓN 30 enero 2008 – Este post en el blog Mangas Verdes recoge información sobre un nuevo documental del Canal Historia sobre cómo sería el mundo tras una hipotética extinción de los humanos.

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Enero 2, 2008 a 6:45 pm

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Sigfrid, un robot psicólogo

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Esta idea aparece en el libro ‘Pórtico’ (Gateway), escrito por Frederik Pohl en 1977 y uno de los libros más premiados de la historia de la Ciencia Ficción. (Ver en la Wikipedia)

“Sigfrid es una máquina bastante lista, pero a veces no entiendo qué le pasa. Siempre me está pidiendo que le cuente mis sueños y hay ocasiones en que vengo muy entusiasmado porque he tenido un sueño que estoy convencido de que le va a gustar, el sueño preferido de todos los psiquiatras, lleno de símbolos fálicos, fetichismo y obsesiones de culpabilidad. Y entonces él me decepciona. Se va por las ramas, en busca d alguna pista tonta, que no tiene nada que ver con todo esto. Se lo cuento todo, y él chirría, cruje y zumba durante un rato –en realidad no lo hace, pero yo me lo imagino mientras espero- y por fin dice:
_Volvamos a algo muy diferente, Bob. Me interesan algunas de las cosas que has dicho acerca de esa mujer, Gene-Klara Moynlin.
-Sigfrid –replico, otra vez sigues una pista falsa.
-Yo no lo creo así, Bob.
-Pero, ¿y el sueño?¡Dios mío!¿No ves lo importante que es?¿Qué te parece el personaje de la madre?
-¿Quieres dejarme hacer mi trabajo, Bob?
-Como si tuviera otra alternativa… contesto malhumorado.
-Siempre tienes una alternativa, Bob, pero me gustaría citarte algo que dijiste hace poco.
-Y se detiene, y yo oigo mi propia voz saliendo de su magnetófono. Estoy diciendo-: ”Sigfrid, hay en eso una intensidad de dolor, culpa y congoja que no puedo soportar.”
Espera a que yo diga algo. Al cabo de un momento digo:
-Es una buena grabación –reconozco-, pero preferiría hablar de la aparición obsesiva de mi madre en mis sueños.
-Creo que sería explorar esa otra cuestión. Es posible que estén relacionadas
-¿De verdad? –Me encantaría esta posibilidad teórica de un modo imparcial y filosófico, pero él me obliga a concretar-: La última conversación que tuviste con Klara, Bob. Te ruego que me expliques lo que sientes al respecto.
-Ya te lo he explicado. –Esto no me divierte nada. Es una pérdida de tiempo y me aseguro de que se entere de ello por el tono de mi voz y la tensión de mi cuerpo contra las correas de sujeción-: Fue aún peor que con mi madre.
-Ya sé que preferirías hablar de tu madre, Bob, pero no la menciones ahora. Cuéntame cosas sobre aquella ocasión con Klara. ¿Qué sientes acerca de ello en este momento?
Trato de reflexionar. Después de todo es lo menos que puedo hacer. No tengo por qué decirlo, pero todo lo que se me ocurre es:
-Casi nada.
Al cabo de un rato de espera, dice:
-¿Eso es todo, “casi nada”?
-Así es. Casi nada.
Al menos, casi nada en la superficie. Claro que recuerdo lo que sentí entonces. Destapo este recuerdo, cautelosamente, para ver como fue. Descendíamos hacia la niebla azul. Vimos por primera vez la estrella difusa y espectral. Hablé por radio con Klara, mientras Dane murmuraba a mi oído… Lo tapo de nuevo.
-Todo esto duele mucho, Sigfrid –digo en tono confidencial. A veces intento engañarle diciendo cosas cargadas de emoción en el tono que usaría para pedir una taza de café, pero no  reo que sirva. Sigfrid escucha el volumen y las inflexiones, pero también escucha la respiración y las pausas, además del sentido de las palabras. Es extremadamente listo considerando lo estúpido que es.”

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Noviembre 22, 2007 a 10:32 am

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Cirugí­a para profesiones de atención al público

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Esta idea aparece en el libro ¡Tigre! ¡Tigre! (Tiger! Tiger!). Alfred Bester, 1955. (ver en la wikipedia)

“Hasta hací­a poco, aquel hombre habí­a tenido un rostro y un cuerpo que le eran propios. Ahora, tras años de cuidadosas pruebas e indoctrinación, habí­a sido elegido para unirse a los Prestos. Tras seis meses de cirugí­a y psico-condicionamiento, era idéntico a los otros cuatrocientos noventa y seis señores Presto y al retrato idealizado del señor Presto que colgaba tras el estrado de Presteign: un bondadoso y honesto hombre que se asemejaba a Abraham Lincoln, un hombre que instantáneamente inspiraba afecto y confianza. En todo el mundo, los compradores entraban en idénticas tiendas Presteign y eran saludados por un director idéntico: el señor Presto; que era imitado, pero no igualado, por el señor Kwik del clan Kodak, y el Tí­o Monty de Montgomery Ward.”

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Octubre 1, 2007 a 4:40 pm

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Realidad virtual para trabajo manual a distancia

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Esta idea aparece en el libro ¡Tigre! ¡Tigre! (Tiger! Tiger!).  Alfred Bester, 1955. (ver en la wikipedia)

Alfred Bester es uno de los autores clásicos de la época dorada de la ciencia ficción. Además de Tigre, Tigre, escribió El Hombre Demolido, que ganó un premio Hugo.

En este párrafo describe una especie de sistema de realidad virtual para trabajar a distancia en un entorno peligroso, creo que muy original para 1955!

“Por la tarde habí­a la terapia ocupacional. Se iluminaba la pantalla de televisión de cada celda y el paciente introducí­a sus manos en el cuadrado de sombras de la pantalla. Veí­a en tres dimensiones y palpaba los objetos y herramientas emitidos. Cortaba uniformes hospitalarios, los cosí­a, manufacturaba utensilios de cocina y preparaba alimentos. Aunque en realidad no tocaba nada, sus movimientos eran transmitidos a los talleres en los que se realizaba el trabajo por control remoto.”

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Octubre 1, 2007 a 4:40 pm

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